El Oráculo de Delfos

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  • Diseñado por Stefan Feld
  • Ilustrado por Dennis Lohausen
  • Editado por Pegasus Spiele y Tasty Minstrel Games
  • 2 a 4 jugadores
  • Más de 12 años
  • 60 a 100 minutos por partida

 

En el mundo de los juegos de mesa, poca presentación necesita Stefan Feld. Es uno de esos prolíficos autores (21 publicados) amados y odiados a partes iguales. Pocos son los juegos de su autoría que se traducen al español (Rialto, Roma, Arena y poco más), de hecho no encontraremos editados en nuestra lengua ninguno de sus juegos más punteros en la clasificación referente mundial de la Board Game Geek.

He tenido la oportunidad de probar Das Orakel von Delphi (título original alemán), su vigésimo segundo juego editado y que, a día de escribir esta reseña, aún no ha sido publicado. Será presentado en Essen, la más importante feria de juegos de mesa del mundo.

Zeus está de buen humor y ha decidido otorgar un regalo a uno de los humanos que ha elegido para completar las 12 tareas que les ha encomendado. Esta premisa encuadra muy bien el tema y   tiene ese valor referencial que aquellos que conozcan las peripecias de Hércules apreciarán, aunque los trabajos que tendremos que completar nosotros no serán tan variados.

Construir tres santuarios, erigir tres estatuas, hacer tres ofrendas y derrotar a tres monstruos; cada una de estas doce tareas realizadas en puntos diferentes del mapa, lo que nos obligará a planificar muy bien las rutas por las que guiar nuestro barco sorteando islas y optimizar las acciones disponibles para intentar complacer a Zeus antes que nuestros oponentes. Así es, éste es el objetivo del juego.

Y los seguidores de Feld se preguntarán dónde está la “ensalada de puntos”, ese denominador común de los diseños de Feld, conseguir puntos en cualquier recoveco de los mecanismos del juego. Pues aquí no, esto es una carrera, pero no una carrera lineal en la que tendremos que seguir un trazado unidireccional.

Nada más comenzar a desplegar el tablero modular en la mesa, apercibo la rejugabilidad que tan sólo ese detalle aplicado a la estructura de las losas le otorga. Se pueden disponer dejando espacios vacíos, lo que le dará más complejidad a las rutas que planifiquemos, haciendo la navegación aún más sinuosa y, probablemente, estirando la duración de la partida; o podemos disponerlas de forma más homogénea para tener una visión más compacta, recomendable para las primeras partidas.

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Tablero personal y tablero modular central. Preparación inicial.

Nuestras acciones serán dictadas por los designios que marquen nuestros dados cuando consultemos el oráculo, aunque podemos variar esos designios usando el favor de Zeus.

Me parece completísima la forma en que con tres dados por jugador, con seis símbolos distintos en seis colores diferentes en cada uno de ellos, se llevan adelante los mecanismos que mueven el juego, mecanismos bien engranados que confluyen unos con otros dando oportunidad a los forofos de los “combos” de encadenar una buena ristra de objetivos.

Mediante la gestión de los símbolos que nos otorgan los dados, podemos navegar, realizar la recogida y entrega de ofrendas y estatuas distribuidas aleatoriamente por el tablero, seleccionar contra qué monstruo queremos combatir, explorar ciertas zonas de las islas que bien nos darán un beneficio o bien nos permitirán levantar un santuario, acercar a ciertos dioses a sus tronos para que nos ayuden con una habilidad especial, conseguir cartas de oráculo con símbolos extras para posteriores rondas, librarnos de heridas, conseguir fichas de favor de Zeus,…

Cada tarea completada recompensa con una carta de equipo con un beneficio permanente o inmediato para mejorar nuestra movilidad y facilitar las tareas, o con un héroe de entre los tres tipos diferentes con habilidades que afectarán a un símbolo concreto o que aumentarán nuestra defensa,…
¿Nuestra defensa? ¿también tendremos que aumentar nuestra defensa? Sí, y no sólo para lidiar con los monstruos que encontremos en las islas, sino porque al final de cada ronda recibiremos el ataque de un Titán que afecta a todos los jugadores, para el que tendremos que estar prevenidos o recibiremos heridas que pueden llegar a hacernos perder un turno; en un principio nada grave, pero ¡que molesta, oye!

Otro detalle es que tus dados no los lanzas al principio de tu turno, sino al final, lo que da tiempo a ordenar tus ideas y planificar durante el turno de los demás agilizando un juego con ya buen ritmo de por sí. Además, los resultados en los dados de otros jugadores te permitirán acercar a aquellos ciertos dioses a sus tronos; cuando lleguen será el momento en el que estarán disponibles para ayudarte.

Cuando un jugador acabe sus doce tareas, aún deberá reencontrarse con Zeus en la losa central, aunque habrá que acabar la ronda, puesto que todos los jugadores tienen la misma cantidad de turnos para complacer a Zeus. Si se da el caso de un empate, el jugador con más cartas de oráculo será el vencedor.

Por cierto, cuidado, no es uno de esos juegos con un sistema de autocompensación exagerados. Si no gestionas bien y te pones a dar vueltas como pollo sin cabeza, puedes perder por bastante.

Para los que la interacción directa sea un requisito indispensable en un juego, poned vuestras miras en otro objetivo, porque la interacción aquí es muy indirecta, como cuando tomas la carta de algún héroe que era la que otro jugador necesitaba ; y a veces es incluso casual, como la exploración de losas o las tiradas de dados de los oponentes, que te darán beneficios de forma azarosa.

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Si bien creo que tiene una preparación algo laboriosa, me mereció la pena por la experiencia de juego. Me gusta ver cómo mecanismos inconexos a primera vista toman relevancia en cierto momento de la partida y tienen un simple pero crucial efecto en la gestión de tu turno para que sea casi explosivo. Me gusta cómo esa cantidad y variedad de elementos se despliegan sobre la mesa. Me gusta esa sensación de prisa y de apretón final cuando ves que tus oponentes llevan un par de tareas terminadas más que tú, pero tienes la clave para que tu próxima jugada barra con todo. Me gusta la iconografía escueta y meridiana. Me gusta su ritmo que hace que la partida se pase volando. Me gusta el tema, lo que me evoca y cómo está reflejado visualmente. Me gusta lo que exige de mí intelectualmente y cómo lo exige.

No es que haya probado muchos Feld, pero éste va a tener un hueco en nuestras estanterías junto a su hermano Luna.

 

Todo esto que puedes leer arriba lo escribí ayer. Poco antes de colgar esta entrada en nuestro diario, he recibido un mensaje de Danny Medina de LudoSentinel diciéndonos que lo sacarán en español para navidades de este año. ¡Qué gran noticia!

 

Y nada más. Muchas gracias por leernos. Pásate por nuestros canales de YouTubeTuíterFéisbug e Instagram.

 

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