Los desprecintados y yo.

Uno de los momentos que más se disfrutan de forma íntima y personal en la afición de los juegos de mesa, es ese en el que llegas a casa con tu jueguito recién comprado o el cartero te alegra el día haciéndote entrega de tu ansiado pedido y comienzas un ritual para proceder a su desprecintado.

Rasgar el retráctil con cuidado para no dañar la caja y, en cuanto ya está la fisura provocada, un feroz tirón desterrando el plástico como si fuera una cárcel que durante demasiado tiempo ha retenido a tu juego contra su voluntad.

Levantar la tapa mientras cae el cajón interior por su propio peso deseando que suene la vaca, ese esquivo sonido que cuando se produce nos dibuja una sonrisilla.

El primer contacto visual con el reglamento. Hojearlo mientras el viento que despide nos trae olor a tinta fresca.

Desplegar el tablero, girarlo con la esperanza de que el reverso esté ilustrado, y si no tampoco pasa “nah”. Voltearlo con cuidado para observar con detenimiento los detalles de la superficie de juego, separarnos un poco para verlo en todo su esplendor, volver a acercarnos para retomar los detalles.

Las aún ordenadas plantillas troqueladas. Acercar la nariz para disfrutar de su impronta olfativa. Presionar cuidadosamente con los dedos para sacar las fichas, al principio, y luego con un poco más de prisa, pero siempre en orden por tipo. Monedas, puntos de victoria, marcadores de vida, losetas de objetivo y, si la tiene, hasta la prueba de compra.

Abrir las bolsas de piezas de madera y volcarlas sobre la mesa, pasarles la mano por encima para sentir sus aristas, coger un puñado y volver a dejarlas caer no muy rápido para prolongar el sonido de la cascada al percutir la mesa.

Alzar las miniaturas para que la luz las acaricie un poco mejor y nos revele sus detalles.

Tomar los dados y lanzarlos como si tuvieran un complicado mecanismo y quisiéramos comprobar visual y auditivamente que funcionan adecuadamente.

Buscar el abrefácil del paquete de cartas, encontrarlo o no, hacer que tenga el mismo destino que el retráctil de la caja. Pasar las cartas, buscando iconos, buscando texto, parándote en esa ilustración que destaca entre las demás. Una vez más, la nariz, el olor a tinta fresca y papel recién cortado que la repudiada cárcel de plástico ha conservado para nosotros.

Y en algún momento del proceso, haber reparado en la cuna, ese alojamiento que mantiene en su sitio todas las cositas, o la falta de ella, pero que cuando existe y es funcional o bonita, o ambas cosas, sentimos que proporcionará buen descanso a nuestro juego mientras espera en su estante junto con sus nuevos compañeros a ser elegido para la próxima partida.

No siempre es tan idílico porque, como en todo, existen decepciones, pero esta experiencia sensorial es el ánimo con el que muchos aficionados afrontan los desprecintados de sus juegos. No es de recibo juzgar a quien no lo vea así, aunque incluso para ellos, en mayor o menor medida, la primera apertura de un juego es una experiencia sensorial, digan lo que digan.

Nunca me veréis hacer un vídeo del desprecintado de un Love Letter, un Timeline o un Fantasma Blitz; no es lo que me va ni quiero mantener una cuota de publicación de vídeos a base de ellos, pero tampoco juzgo a quien lo haga, incluso a veces los veo.

No me preocupa la idea de ciertos aficionados sobre que los vídeos de desprecintado son inútiles, algunos lo tachan incluso de timo, de una presunción consumista. El juicio se lo dejo a ellos.

He hablado con una cantidad de gente enorrrrme que sí creen que estos vídeos tienen utilidad. Ellos se la encuentran.

Yo hago vídeo-desprecintados de juegos que he mecenado, juegos que creo con componentes interesantes, intento marcar sus virtudes, sus defectos si creo que los tiene, y todo en un desprecintado real, un primer contacto con el juego. No los abro, los miro, los estudio y luego hago el vídeo.

En definitiva, lo que quiero es compartir en un formato audiovisual la experiencia sensorial que tengo cuando los inauguro, a veces hablado, a veces musicalizado.

Por todo esto, en mi búsqueda de un lenguaje lo más universal posible, los vídeos de nuestro canal de YouTube que antes se llamaban “Abriendo…”, a partir de ahora se llamarán “Otro inútil desprecintado”, para aquellos que sean de esa opinión. A todos ellos, gracias por ver nuestro vídeo, gracias por vuestros pulgares-abajo y hasta más ver.

Al resto, sentaos junto a nosotros y liberemos otro cofre de sensaciones.

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